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La investigación en España, una visión desde la Atención Primaria de la salud
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Investigación en Atención Primaria
Pilar Rodríguez Ledo
Dedicarse a la investigación siempre ha sido una heroicidad, pero en los tiempos actuales, en el entorno de esta pandemia que nos colapsa como país y como sistema sanitario, limitándonos las actuaciones en el día a día por la escasez de recursos humanos y económicos, especialmente en Atención Primaria (AP), investigar se ha convertido ya en un milagro.
En España la ciencia está infradotada desde siempre. En nuestro país solo se invierte el 1,2 % del PIB frente al 2 % en Europa y casi el 3 % en Estados Unidos. Y estas cifras hacen referencia básicamente a las estructuras de investigación establecidas, en su mayoría de ciencias básicas o ligadas a institutos de investigación, donde sí se financia al investigador no se financian los proyectos, o si se financian los proyectos no se financia al investigador.
El resto de investigación clínica casi ni se encuentra considerada en estas cifras, presentando problemas de financiación, falta de reconocimiento y burocracia en exceso, mientras lucha con “uñas y dientes” intentando financiar sus proyectos en sus ratos libres.
Y más allá de las limitaciones económicas y presupuestarias, se produce una falta absoluta de incentivos, consideración y apoyo a los investigadores.
Investigación e inversión
Está claro que un país que no invierte, o invierte menos, en investigación que otros de igual nivel socioeconómico de su entorno, está dejando clara la escasa valoración que le confiere y la nula apuesta por la generación del conocimiento propio.
Imagen de archivo de un laboratorio científico/EFE/Joédson Alves
Y esto repercute en el concepto de la estructura investigadora, que en el sector sanitario es claramente insuficiente y alejada del entorno clínico que facilitaría la transferencia de las conclusiones a los pacientes.
Esta dificultad de la integración de la investigación en la clínica tiene como consecuencia la gran fuga de talentos a otros países en pro de poder desarrollar sus líneas de investigación y buscar un reconocimiento de difícil obtención en nuestro país, compartiendo investigación y asistencia, y haciendo factible complementar ambos ámbitos entre sí.
Ha tenido que llegar esta pandemia de la COVID-19 para que España se percate de lo necesaria que es la investigación, del gran déficit que presenta nuestro país en esta área, pero seguimos sin una apuesta de país en términos de investigación.
La investigación se sigue ligando a unas escasas estructuras de ciencias básicas, se ofertan convocatorias públicas para ayudar a los investigadores que raramente reflejan las necesidades de la sociedad y que casi nunca se puede acceder a ellas por los clínicos, ni entender los criterios de evaluación, ni si los que evalúan con estos magníficos sistemas de revisión por pares “viven en este planeta” y contemplan en algún momento de sus vidas las necesidades de generar conocimiento que necesitan nuestros pacientes y nuestra población.
Escasa estructura investigadora e investigación en Atención Primaria
En definitiva, escasa estructura investigadora, estructuras académicas sin relación con las estructuras sanitarias, escasas e inaccesibles convocatorias públicas, nulo reconocimiento, imposibilidad de integrar la actividad investigadora en la gran carga de jornada asistencial; en resumen, investigar es más que nunca una proeza. Y si lo que queremos es investigar en Atención Primaria (AP) ya entra dentro del rango de “lo imposible”.
Si analizamos los proyectos y su financiación en función de su origen, la cuota de participación de AP en proyectos financiados por agencias externas, nacionales o europeas, sigue, como hace diez años, sin superar el 4-5 %, ni en número de proyectos ni en presupuestos conseguidos. La participación en ensayos clínicos de calidad también resulta anecdótica, sigue alrededor del 3 por ciento.
Sanitarios de Atención Primaria en un Centro de Salud practican un test de detección del COVID-19. EFE/Cati Cladera
La presencia de los profesionales de AP en las estructuras de investigación sigue siendo escasa, y la inversión en proyectos y líneas de investigación propias es pobre.
El esfuerzo de diversas instituciones y fundaciones, así como de unidades docentes y de investigación, y Sociedades Científicas, no ha conducido a un mayor desarrollo de la investigación en AP, no se ha incrementado el volumen, la relevancia, la calidad ni el impacto.
¿Y cómo se va a conseguir mejorar esta situación en un sistema sanitario al límite, con un colapso de la AP que está llevando a la extenuación a sus profesionales? ¿Y quién va a realizar la investigación comunitaria necesaria en el ámbito de la AP, si los recursos económicos son mínimos y los recursos humanos están diezmados?
Atención primaria y covid
Volviendo al tema de la pandemia por coronavirus, que ha agravado la ya precaria situación de la AP con su gestión más política que técnica, también está generando nuevas demandas tanto asistenciales como de investigación, algunas de ellas de resolución en este ámbito de asistencial, como es la COVID persistente, que sin duda constituirá un gran problema de salud en los próximos tiempos.
Desde la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) seguimos apoyando la necesidad de repensar nuestro sistema sanitario en el concepto que tenemos de él hoy en día.
Si realmente queremos sobrevivir a esta crisis socio-sanitaria, necesitamos innovación organizativa para afrontar la patología derivada de la pandemia sin demorar la atención al resto de enfermedades, pero también necesitamos generar conocimiento desde este propio entorno asistencial que nos permita atender a las nuevas patologías.
Un país como el nuestro, orgulloso de su sistema sanitario no hace tanto tiempo, debe apostar claramente por la fortaleza de una estructura sanitaria que también genere el conocimiento que necesita para mejorar su funcionamiento.
Apostar por la investigación es apostar por el futuro. Un país sin investigación es un país sin futuro.
Como ya he expresado en otras ocasiones: “Tengo un sueño, ser médico de familia e investigar”. Y ahora me gustaría añadir: “Y no pienso renunciar a investigar”.
Por esta razón, 2022 será el año de la investigación para los médicos de familia, para la Atención Primaria, y desde SEMG, la impulsaremos consolidando nuestra línea de investigación COVID persistente, manteniendo su espíritu colaborativo con los propios afectados y con todos los profesionales implicados que deseen compartir proyectos de investigación y hacer de este sueño una realidad.
Nuestra apuesta de futuro debe seguir siendo la Atención Primaria en todas sus dimensiones, y la Investigación en AP es una necesidad que no sería ético obviar.
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